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lunes, 26 de octubre de 2009

A mi gato le encanta Mozart




A MI GATO LE ENCANTA MOZART
Cuento de Eduardo Pérsico
Hoy me distraje mirando a mi gato. Con decoro, porque él es distante, discreto y sabe
callar. En verdad, le anduve alrededor y recordé a Lord Byron: el gato posee belleza sin
vanidad, fuerza sin insolencia, coraje sin ferocidad; todas las virtudes del hombre sin sus
vicios. Una semblanza menos cínica que la de Ambrose Bierce: Gato. Suave autómata
indestructible preparado por la naturaleza para recibir patadas cuando las cosas van mal en
el círculo doméstico.
Al mirarlo entiendo que los gatos se vuelvan invisibles cuatro veces al día, y si ellos
quieren nadie los verá de guardia baja, empobrecidos de lluvia y madrugada. Si decide
atenuar su exhibición todo gato se hace etéreo, inatacable, y su corazón le late en una
verdad lejana y superior. Ya deberíamos saber ese misterio.
Mi gato se llama Fidel y revive al escuchar música; sobre mi falda sigilo al distenderse,
sutileza ajena a la gravedad, reflejo de mi espejo, cuerpo imperceptible; y oyendo al
Pugliese yumbeado de "Negracha" o "La Cachila", Fidel conmueve su pelaje y pierde su
mirada lejos. Eso me anima, aunque al Piazolla de "Verano Porteño" no lo disfruta. ´Fidel,
es música con esencia que te muestra a Buenos Aires desde el cielo', le repito pero ni se
entera. Y me apena que aún no sepa que el tango es una catarsis nostalgiosa y absurda, que
irrumpe de improviso cabalgando un silbido para hablarnos muy quedo, despacito, de
alguna plenitud nuestra y sin testigos. 'Fidel, el tango es vino a solas, un sueño demolido o
la mirada de esa piba que a ráfagas retorna y a contraluz de todo se adueña del momento. El
tango es en voz baja, nos trabaja por dentro su rasguido de viola misteriosa cuando el llanto
nos llega de costado, versallesco, o si los olvidos olvidados retornan de rebrote y se
apropian del sueño. Porque Fidel, el tango en alta voz y teatralero es una grosería de recién
venido, y sin una confesión a solas cada tanto o decirle al amigo más gomía "vos sabés
como fueron esas cosas", sería una música más, carnestolenda. Y por ese misterio, acaso
diminuto, siempre nos vuelve el tango y no perdona'...
Aunque, ¿cómo explicarle a un felino sin apremios el enigma de los derrotados, o el
cigarrillo de lenta ceniza meditada contra un reloj de insaciable desgarro?
En cambio, oyendo el "Concierto Número Cuatro de Mozart" Fidel se hace una fiesta.
Levita leve y ligero, gato definitivo hecho dos sílabas sin cuerpo que vuela oyendo el sólo
Dale Clevenger. Y hasta creo ya incorrecto decirlo sin jactancias: mi gato es un atigrado
cualunque cabezón y sin prosapia, pero su gusto musical lo diferencia. Sí señores, todo
felino puede ser un amante a hurtadillas, merodeador de habitaciones sin apenas proyectar
su sombra, clandestino de silencios a su antojo y que lleva en sus ojos el secreto de la
libertad, y sin pedantería, les digo que ninguno mejor a Fidel para disfrutar a Mozart en mi
bemol mayor. Aunque jamás le perdone, gato gil, que si el fueye de Troilo me solloza
"Responso" él se haga el indiferente; y me den estas ganas de sacarlo a patadas.

2 comentarios:

  1. ¡Hola Pecosita!.

    ¡Buen contenido y gracias por compartirlo!.

    Cariñitos,

    Marl

    ResponderEliminar
  2. Hola Bonita
    Saludos desde la inestable buenos aires....
    Cuando puedas te invito a recorrer este sitio Bibliotecología......
    http://richardebury.blogspot.com/

    Feliz navidad..!!!

    ResponderEliminar

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